Canchos de los Buitres por Enrique Herreros y Juan B. Mato

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Canchos de los Buitres por Enrique Herreros y Juan B. Mato

Notapor viaclasica » Jue Dic 22, 2016 2:44 pm

Breve elogio de la Pedriza-Recuerdo: 15 de mayo de 1916; solemne inauguración del Refugio de Giner. Cuarenta o más personas se congregan en aquellas soledades. Gran fiesta, alegría, vivas y promesas, realidades de hoy.

Momentos antes de izarse la bandera una cordada de peñalaros realiza la segunda escalada del risco del Pájaro. Audacia y consagración de entonces, bautismo del escalador de hoy.

Nombres conocidos, por no decir únicos, en aquella fecha: Victory, Zabala, Tinoco, Kindelán, García BelIido ... Algunos siguen en la brecha.

Saltaron los días, corrieron las aguas, el río ahondó más su cauce, las Cabezas de Hierro y Maliciosa pasaron sus letargos invernales, el sol primaveral Iicuó cada año sus ventisqueros, que entregaron su corta vida al Manzanares.

Hoy, julio de 1934, tenemos aún el mismo afán de descubrirla, comprenderla y vivir en ella. Siempre nueva, siempre única, eres Pedriza continuo hallazgo, descubrimiento constante, sempiterna sorpresa desde 1908.

Canchas de los Buitres-Refugio Giner, camino del collado de la Dehesilla, canto del Tolmo, cruzando arroyo de la Dehesilla. Doscientos o trescientos metros más arriba, mirando a la cuerda de los Pinganillos y teniendo a la izquierda el risco del Pájaro y a la derecha Peñalarco (llamada así por ser una gran laja arqueada que apoya sobre una pulida llambria), tenemos al frente un grupo de riscos, hendidos de arriba a abajo por dos grietas profundas; la primera, más estrecha, es una verdadera chimenea; la segunda es ya un callejón, que es el llamado de Las Plumas.




Entre este hacinamiento de riscos y Peñalarco, vemos una muy amplia escotadura: el portillo de este último nombre. Una no muy bien marcada senda trepa por él hasta perderse en los llanos de los Navajuelos.




La chimenea y el callejón de las Plumas dividen en tres los riscos que contemplamos en primer término. Tras ellos hay otros dos, y a todo este conjunto se le denomina Canchas de los Buitres, debido al gran número de ellos que anidan en sus grietas y repisas, descansan y dirigen sus pestilentes festines en las amplias y lisas llambrias que trepan hasta sus cumbres, que durante mucho tiempo no se intentaron escalar, debido a lo poco frecuentados que fueron siempre estos parajes pedriceros.

Y, sin embargo, lo que parecía que no tenía interés, lo que no se visitaba ni recorría, ofrece sin duda alguna uno de los más completos campos de entrenamiento de escalada, lugar ideal para uso y empleo de todos los procedimientos técnicos del trepar, verdadera escuela montañera, alternando la fijación de clavijas con los rappeles, pasos en barandilla y tirolinas, aparte, claro está, de las naturales dificultades que presentan todos estos canchas para hacer una escalada a la buena de Dios.

Para la mejor comprensión de la diferente técnica a emplear, así como la ruta que seguimos, hemos recurrido a estilizar dichos riscos, representándolos de una manera esquemática en este gráfico.




Empieza la subida en A, y a media altura en B se presenta el único paso delicado; salvado éste, la subida desde este punto a la cumbre 1 es un paseo por una amplia repisa que conduce a un ancho ventanal, que hemos de atravesar para encontrarnos en aquélla.

De la cumbre 1 se desciende, en dos rappeles de un total aproximado de cuarenta metros, a D, que es un gran monolito encasillado entre los. dos riscos 1 y 4. El primer rappel acaba H, pequeño descansillo formado por un resalto de unos veinte centímetros de ancho y situado hacia la mitad de la vertical llambria, en el cual hemos colocado una clavija para poder continuar el descenso.

Se cruza subiendo por B, y ya hasta la cumbre 4 por una llambria bastante inclinada y que se domina fácilmente. Si intentamos atacar esta cumbre desde su base, las dificultades son bastante mayores desde luego.

Y finalmente, para trasladarnos desde la cumbre 4 a la 5, denominada por nosotros Cancho de la Buitrera, hay dos soluciones: descender al callejón de las Plumas, que los separa, y realizar la escalada que a continuación describimos, o lanzar una cuerda desde 4 a 5, llevando a cabo una travesía en tirolina (I).




La subida al Cancho de la Buitrera o N desde su base se consigue desde el Callejón de las Plumas, al cual se puede llegar bien descolgándonos de la cumbre anterior o rodeando el cancho por su cara Norte, y si no, por el sin disputa trayecto más interesante, atravesando una gruta o grieta profunda que este risco tiene en su parte media inferior y que transporta al callejón en estrecho embudo vertical primero y amplia covachuela después.

Ya en el Callejón de las Plumas, angosto y pintoresco corredor, cuatro o cinco metros más arriba de la covachuela y a la derecha, tenemos al pie de una lisa llambria la grieta de subida (L).

En esta escalada, muy corta, consideramos imprescindible es una o dos clavijas; desde luego en el paso de la llambria a la grieta es absolutamente necesario, la carencia de agarres es total.

El cancho número 2 de los Canchos de los Buitres es el más aislado del grupo y el que más impresión de inaccesible produce. La subida está en la arista de intersección (N) de la cara Norte con la Este, por una grieta somera, inclinada, formada por una laja adosada a dicha cara Este.

El primer paso, haciéndolo con verdadera técnica alpina, es el más difícil de los cinco canchos; ahora bien, si se recurre a lanzar una cuerda y que quede enganchada en la arista superior de la laja, la subida se hace entonces fácil. Una vez encima de ésta, salvando a continuación un paso regular, es ya fácil llegar a la cumbre, que es sumamente interesante y con nidos de buitres.

El cancho número 3 es el de subida menos interesante y con menos sabor alpino, sobre todo en su última parte, que reduce a lanzar la cuerda con destreza un par de veces.

La subida en su primera parte es más interesante haciéndola desde la grieta que anteriormente dijimos que divide con la del Callejón de las Plumas en tres riscos a este grupo de canchos vistos por su cara Sur.

Canchos de los Buitres, cumbres 1 y 4; primera escalada, 3 de junio de 1934: Teógenes Díaz, Ángel Tresaco, Félix Candela, J. M. Galilea, Franco Orgaz, Enrique Herreros y Juan B. Mato.

Cancho de la Buitrera; primera ascensión, septiembre de 1933: Félix y Antonio Candela, Luis Mena, Enrique Herreros y Juan B. Mato.

Canchos de los Buitres, cumbres 2 y 3, primera escalada, 1 de julio de 1934: Teógenes Díaz, Ángel Tresaco y Enrique Herreros.

Canchos de los Buitres, Callejón de las Plumas, un rincón más de la Pedriza, una belleza más. El que sienta y viva la montaña no dejará de visitarlos.

ENRIQUE HERREROS Y JUAN B. MATO.
Fuente: Publicaciones Peñalara
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