Wimbor, el Hilo de Ariadna en el Laberinto.

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Wimbor, el Hilo de Ariadna en el Laberinto.

Notapor viaclasica » Mar Sep 18, 2012 8:12 am

"El que sólo busca la salida no entiende el laberinto, y aunque la encuentre, saldrá sin haberlo entendido” (José Bergamín)

El laberinto es un dibujo intrincado cuyo recorrido imaginado o real es siempre un reto para quien trata de recorrerlo y llegar a su centro, o tal vez simplemente, no perderse en su equívoco y complicado trayecto.

El laberinto construido en Creta por Dédalo para tener encerrado al Minotauro, y que supone el triunfo de Teseo, que al superar la prueba que el propio laberinto le impone alcanza la condición de héroe. En cualquier caso, laberintos existen desde la prehistoria, con significados parecidos: bien espiritual, en rituales apotropáicos donde el propio dibujo podía servir de referencia para bailes rituales, o como símbolo de experiencias iniciáticas.

Los laberintos son la metáfora de un devenir largo y penoso, una prueba por superar, un ritual iniciático, que en todos los casos supone el logro de un estado superior, a veces identificado con la heroicidad o con la inmortalidad o con la conquista espiritual de lo sagrado. El laberinto simboliza la existencia terrenal, y su superación hasta la sublimación del mundo celestial, al que se llega sólo superando todas las trampas que nos impone el pecado y la vida material, de lo que precisamente el laberinto y su trazado confuso, donde es tan fácil perderse, resulta un símbolo perfecto. Puede decirse por tanto que el laberinto es teocéntrico, con una entrada que representa el nacimiento; un camino tortuoso, que simboliza los avatares de la vida; y un fin único en el centro del laberinto al que hay que llegar, y que es la representación simbólica de Dios.

En 1.980 todo está inventado en la Pedriza. ¿O no?

Wéndigo, Caballo Blanco, Soledades, Espolón lunático, wolldam, Sobredosis, Nihil, Son los nombres de los primeros itinerarios verticales de una década iconoclasta, disociativa y rompedora, que ya comenzó a quebrarse a finales de la década anterior. Rizados de rizo en riscos tradicionales y también en algún risco de nuevo cuño, Las Oseras.

“…Profundos canalizos y huidizos espolones formando una maraña en la que a veces resulta complicado situarse. Es por tanto difícil comprender el entusiasmo que este cancho despierta en la mayoría de los locales.”

Así es como Luján y Zapata describen a las Oseras en su “Guía de escalada, La Pedriza”, y concluyen:

“Acaso haya que ignorar nuestra parte más deportiva, y dejar que el agradable entorno distorsione nuestra valoración de la escalada”

Sinceramente y con todo el respeto por los autores, disiento de esta percepción de las Oseras. Creo que no han mirado en el interior del envoltorio. En la década de los ochenta el oficio de escalador ya se ha alejado de los ropajes clásicos, para bien o para mal la vida también ha cambiado fuera de estos riscos grisáceos, las cumbres están todas manoseadas, y los Gálvez, Snoopy, Papila, Pérez, etc. se están quedando sin recorrido. Las Oseras son la cerrada puerta a un mundo mágico, que espera abnegadamente para ofrecer toda una suerte de posibilidades más allá de lo convencional, y representan una manera de hacer distante años luz, tanto deportiva como éticamente. Las Oseras no son una maraña de difícil ubicación, son la antesala del Laberinto, ese lugar en el que los atrevidos del nuevo mundo marcarán el Alfa y el Omega de la escalada en roca `por estos mundos cotidianos.

En 1.983 uno de esos esforzados buscadores de horizontes José Luis Arias, Wimbor, se arrimó al precipicio por el que se asomaba el vórtice de la locura.
…Me voy a dar una vuelta por la Pedriza a ver donde encuentro un sitio dónde abrir vías modernas desde arriba (…) un día subí por el destrepe del Hueso y me quedé flipao (…) Aquí salen vías de dos o tres largos(…) me fui pa mi barrio, cogí a dos o tres colega y les dije, he visto aquí un sitio que…

Este escalador clásico al que poca gente recuerda fuera de la elite escaladora, miembro del grupo de los Murciélagos, descubrió escondido tras el Cancho Amarillo junto a la falsa Buitrera y por encima del Hueso, un intrincado revoltijo de riscos; se presentó junto a su íntimo amigo José M. de la Torre, el Buzo, al que se le atribuye la invención de la goma cocida, Carlos Arroyo, Freddy y algún otro, y empezaron a martillear el granito con sus mazas. A base de buriles incrustados a mano, pies de gato rudimentarios y un deseo insaciable por “subir grado”, abrieron la puerta y entraron en la magia de la Pedriza. Se colocaron frente a una piedra que bautizaron como el “risco del Mudo”, y seguidamente “Puro nervio”, "Delirium tremens”…., en los que durante once días colocaron los cimientos de de esa construcción mística, despojando a la escalada de cualquier vestigio residual, que la relacionase con grandes gestas, y la vistieron en su totalidad con la deportiva vestimenta que los insolentes escaladores de finales de los setenta habían comenzado a colorear. Una vez acabada la obra publicaron las rutas en la revista ”Piornal”. Después lo llamaron: El Laberinto

“Fisurata” (V+/A0), “el grito del mudo” (6c) en colaboración con Juanjo Ruiz, Paco Búrdalo, y el Buzo, “Clasificada S, ”Experiencia premortuaria” son las primeras vías de la Catedral pedricera, obra de este visionario protagonista del cambio, aunque no saltó a la fama, por donde todo buen escalador pasó y expresó su locura en un ambiente totalmente alejado del mundanal ruido. Son rutas que incluso necesitan de una graduación para ellas especialmente, A0 1 si nos agarramos con una mano, A0 2 si nos apoyamos con el pie, y A0 3 para apoyos con pie y mano. Es un auténtico frenesí al que desde 1.983 a raíz de la publicación de las nuevas vías, se sumaron los grandes nombres, y algún otro desconocido, como Gálvez, Josechu Gimeno, el Papila, Rafa Fanega, Pérez, Guirles, Miguel Calvo, Eladio Vicente, Snoopy, y tantos otros tan pedriceros como los propios riscos.

Pero Wimbor no solo es buen escalador, tiene mano para lo desconocido; descubre el Torozo al pasar por el Puerto del Pico, y con algunos de sus grandes amigos como Carlos Arroyo aterrizan en la virginal cara oeste. Abre durante 1982-1984 hasta una decena de itinerarios en el contrafuerte oeste del Torozo, de una dificultad extrema en aquella época, bautizadas con nombres sencillos y llamativos: "'Cara niña" (6a+), "Cara cartón" (6b/AO), "'Doble cara mortal" (6ª/AO), en la que se precisan copperheads, y "'Variante por la cara" (lV+). Dos auténticas joyas: Siniestro Total (E.D./6b), y el Muro de Meli en la cara sur de la Albujea (6c/A0).

Creo sin duda que José Luis, Wim como le conocen sus amigos, ha entendido a la perfección el secreto del laberinto lo que le posibilita para desplazarse con absoluta soltura por el tortuoso mundo de la escalada comprometida. Hoy el Laberinto es un lugar tan intrincado y recóndito como lo era en 1.983, y Wimbor un escalador en activo, que como entonces permanece alejado del mundanal ruido mediático, pero al que si le gustaría que se le reconociese su descubrimiento del Laberinto. Como entonces, este incómodo lugar pedricero está reservado exclusivamente para los espirituales, para los que buscan algo más allá de los parabolts en paños graníticos limpios como la patena. Si al pasar por el Laberinto ves al personal con cintas en el pelo, camisetas rayadas, y pantalones de pintor, calzando “supergratón” ajustados al pie con doble media, pegando vuelos desde los vetustos y alejados buriles de los “Aullidos en la placa”, no debes asustarte, son los espíritus de los místicos, de los insuperables, la auténtica alma de la Pedriza.



Fuente: http://villalbasemueve.es/index.php?opt ... Itemid=488
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