Peña Don Justo - Primera por la vía de los Diedros (Riglos)

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Peña Don Justo - Primera por la vía de los Diedros (Riglos)

Notapor viaclasica » Lun Nov 26, 2018 2:33 pm

Peña Don Justo - Primera por la vía de los Diedros
n.º 53 Marzo-Abril Montañeros de Aragón

No pasaré, no pasaré…, ¡uf!, ¡uf!, ¡agg!, ¡uf!, no pas… ¡ay!, ¡lo conseguí!, dédeme cuerda, más… esta rama, ¡un serrucho!, ¿no llevas?, ya no hace falta; bueno, prepárate… ¿ya?, pues cuando quieras.

No pasaré, no pasaré; si él ha pasado, malo será que yo… ¡uffff!, ¡agggg!... no puedo…, veré, si dándome la vuelta…, tampoco, ¡caramba!, pues salirme por la derecha no me seduce en absoluto, ¿quizá…?, si pierdo grueso, ¡en fin!, ¡tensa fuerte que pruebo de nuevo!, ¡más fuerte!, ¡esta pierna…!, demasiado larga, ahora, los cu…, ¡uf!, la cabeza, ¡fuerte!, ¡más!, ¡más!, lo logré, ¡uf! deja que tome aliento. ¡Vale!, recupera, ¿cómo?, ¿qué así no vale?, pues tú me dirás cómo hubiera pasado de no haberme quitado las prendas.

Al pisar de nuevo esta conocida y familiar cima, nuestro “segundo” pensamiento es para nuestro amigo Soriano (en estos momentos, recluta José), ya que de no haber sido, porque el deber para con la Patria, es antes que las propias aficiones, nos habría acompañado en estos momentos de júbilo, que siguen al pisar por fin y tras largas horas de lucha la tan ansiada cima que, con su horizontalidad, es digno premio de trepador más exigente.

Ensimismados en estos pensamientos, y mientras “nos aseamos” (¿?) y dejamos preparadas las cuerdas para el descenso, se nos ha echado la noche encima, y la reseña en el libro de registro tenemos que hacerla a la incierta luz de una solitaria estrella, primera de un sin fin, de ellas que asomarán en esta bella y apacible noche.

Momentos más tarde, y tras la “presentadica” de rigor, lanzamos la “doblada” para el descenso, en el que (nunca aprenderemos) volvemos a equivocarnos de cornisa, esta vez nos hemos quedado cortos.

Con la consiguiente discusión, y no sin antes haber dado la vuelta a medio “mallo”, ya de acuerdo que la buena está por debajo de nosotros, optamos por desplegar de nuevo las cuerdas, esta vez parece que hemos acertado, por lo que nos ponemos muy contentos y canturreantes, más bien… esta alegría se nos pasa tan pronto nos metemos en la canal, que, llena de zarzas y broza, separa esta piedra del macizo que la respalda. Tras haber dejado como tributo algún trozo de calcetín y alguno otro de nuestra “sonrosada” carne, y llevarnos a cambio “punchas” para entretenernos durante todo el viaje de regreso a Zaragoza. Vuelve a nosotros de nuevo la alegría de hallarnos en el camino que nos ha de conducir a la próxima meta que nos hemos marcado (esta es una blanda cama tras una buena y opípara cena).
Llegado juntos a las mochilas, que a mediodía hemos dejado junto al río, procedemos (cosa curiosa) a “asearnos” de nuevo, esta vez en serio. un poco avergonzados en esta nueva “hazaña” nos echamos las mochilas al hombro y continuamos de regreso hacía casa de Don Justo; los comentarios del día vienen a hacer más corta la distancia que de ésta nos separa.

Volvemos la vista atrás; no se distingue nada más que la masa gris del macizo done la pálida luz de la luna se esfuerza en hacer destacar la silueta de esta “peña” que tan buen día nos ha permitido pasar en su regreso.

La vía

Se inicia ésta por la chimenea que se forma a la izquierda de la “verruga” que existe en la cara NO. de dicha “Peña”, chimenea, fácil y segura, con un paso delicado en el centro de ella, éste se resuelve con un clavo en la pared de la “verruga”, y progresando en “ele” con los pies por dicha pared, unos metros más de fácil chimenea y nos encontramos encima de dicha “verruga”, desde aquí pasamos horizontal a la izquierda a situarnos en la vertical de los diedros, dos pasos en extraplomos, que se resuelven con dos o tres clavos cada uno, nos sitúan, tras una tirada de cuerda, en una pequeña cornisa que se forma al pie del primer diedro, éste en diagonal; continuamos por él hasta debajo de una “balma” que lo cortaM éste se sortea saliéndose al lomo de la izquierda, por el que continuamos hasta situarnos en el diedro siguiente, éste, algo descompuesto, pero ambos con buena clavazón; al final de éste, nueva “panza”, ésta la sorteamos hacía la derecha, a salira una hermosa cornisa; desde ésta, tras unas tres tiradas de cuerda por pared, de buenas presas y mejor clavar, nos situamos debajo del “agujero” final.

Desde aquí, en una tirada más, nos situamos en la cima, no sin antes pasarlas todo lo “estrechas” que el caso requiere.

Alberto Rabadá.


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